Modigliani
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martes, 3 de marzo de 2015

Un Café


“Café para todos los gustos” era el reclamo del local. El sitio ideal donde la soledad se reúne en la tarde de los domingos para maquillarla con los aromas intensos que visten y desvisten los pensamientos y poder negociar con ellos.
Grande, espacioso, con dos entradas que dan a la Plaza Mayor; con un suelo enlosado en dos colores,  que van haciendo una especie de crucetas que Carmen al verlas no puede resistir volver a su infancia y seguir el viejo ritual de pisar solo las negras. Se sienta, con su bonita sonrisa vacía de ilusión, frente al gran ventanal que  muestra las pisadas rápidas e impersonales de la gente. El camarero se acerca envuelto en un aire tímido al mismo tiempo que misterioso.
-          ¿Qué desean tomar?
-          Yo  –se adelanta Javi –, quiero un café largo.
-          Uno solo con hielo  –Rafael –.
-          Con leche, le dice Micaela.
-          Igual pero con leche fría, pide María.
-          Yo, yo quiero esta vez un submarino  –le indica al camarero Jacinta –
-          Pues para mí un caribeño. ¡Ea! Por ser tarde de domingo.
 Paco hace un guiño. Está contento, esa noche tiene una cita.
-          ¿Y usted que desea? –El camarero se dirige a Carmen con el deseo oculto tatuado en el brillo de sus ojos. –
-          A mí uno de amor – y todos ríen la ocurrencia. –

Hoy, domingo, 16:30 de la tarde, lluvioso y gris es el día en el que un café se vuelve tiempo para soñar una nueva realidad escrita en sus posos.

 02/03/2015

jueves, 19 de febrero de 2015

Cinco Fantasmas

Sucedía todas y cada una de las noches del año. No había manera de que se pusieran de acuerdo. Cinco fantasmas, cinco, eran los que habitaban  en la “Gran Casa”. Las gentes del pueblo contaban en sus leyendas el rumor de su misterio, sin resolver. Román hacía lo mismo con su nieta.
-            Un rayo brotó de ella y se perdió entre las nubes. –Le susurraba– Y unas sombras voladoras en las noches de bruma, se acercan a la única puerta que tiene mirando hacia el horizonte.
Y Patricia, sin presente y sin voluntad,  miraba hipnotizada. Mientras tanto, la casa centenaria asustada temblaba y la chica no entendía el porqué de esas  sacudidas. Era como si deseara escapar. Imposible.  Estaba anclada a la tierra como si de una tienda de campaña se tratara. Esos fantasmas maleducados, groseros, porque estamos ante un caso grave de fantasmas, la humillaban constantemente: “eres fea, vieja, no sirves para nada”; como respuesta volvía la mirada más allá del límite de la tierra.
-          Mirad, “esta cosa” quiere volar –y todos se retorcían de la risa. Mordían y engullían lo que encontraban a su paso; con un magnífico baile de puñetazos, provocando terroríficos chispazos eléctricos.
Patricia, tumbada en el acantilado, la solía contemplar, sin saber que tenía el mismo sueño que la casa. “Estaban  al borde del acantilado, percibían el peligro. "Un paso más y caeré al vacío" –se decían-. Pero de pronto un potente pensamiento cruzó por sus mentes. "Tengo el control de mi vida. Puedo volar". Efectivamente, se elevaban sin problemas sobre el acantilado y bajo ellas veían el mar y cómo las olas rompían contra las rocas. Entonces decidieron subir más alto hacia la única nube que había, sintiéndose liberadas.
La gran casa de tejados puntiagudos pidió ayuda al viento. Y ese viento poderoso, que se llevaba con él las palabras, arreció y arrancó del suelo las piquetas y cuerdas que ataban sus cuatro esquinas. La desprendió y alzó en volandas. Por primera vez después de muchos, muchos años, se sintió ligera y feliz. Patricia, que la observaba se incorporó y le gritó:
¡Yo también quiero volar!

La casa sonrió: Yo soy tú. 
04/02/2015

miércoles, 4 de febrero de 2015

Distancia



Alguien que no estuvo aquí, se dejó un sobre allí. El sillón y mis gafas también están ahí. Me siento y lo abro con cierta curiosidad. En él aparecen palabras que al principio no distingo bien, palabras que saltan, alborotan  juguetonas y me llegan a decir:

Dibujo sus pasos.
Mimo sus sueños.
Adorno su respiración.
Abanico su sonrisa.
Siempre de alguien que nunca estuvo aquí.
¡Tú!.



Inquieta me revuelvo en la butaca; desconcertada espero llegar a una conclusión.  

02/02/2015

martes, 9 de diciembre de 2014

Cuéntame un Cuento

La luz junto con los enseres de limpieza han invadido literalmente la casa.  María, sonriente, se dedica en cuerpo y alma a la interminable tarea de que todo quede impoluto. Esta mañana, precisamente, hay un brillo de esperanza en sus ojos. Una llamada telefónica ha cambiado su semblante.
‒Ponte guapa. Esta noche te invito a cenar. Te quiero ‒suspira; por fin vuelve a ella‒.
Después de meses en que a la súplica “te necesito” la respuesta era: “Lo siento, tengo mucho trabajo, intentaré llegar lo antes posible”. Hoy, por fin, ha dado señales de vida.
‒ “Esta casa tiene muchos gastos”. ‒Intentaba justificarse siempre, Jacinto‒.
–   Pues la vendemos ‒sugería ella‒.
      Quiero tenerte como una reina. Eres lo más importante para mí.

El trapo para limpiar el polvo es su confidente; hoy es día de referir ilusiones. Le cuenta qué vestido y zapatos se va a poner, cómo se va a peinar, mientras trajina con ropa, cajones, muebles, cojines, que al igual que sus pensamientos van recuperando color y lugar. Satisfecha se va a la ducha que devuelve entre el vaho a una mujer feliz. Se viste, maquilla, ¡Uy! ¡Los pendientes!,  ‒y le vienen a la mente aquellos que le regaló un día de verano, en plena canícula‒. Lo hizo con voz nítida, segura, sin apartar la vista de la suya: “Por favor” ‒le  suplicó‒. Sus ojos fueron los que preguntaron y a Jacinto no se le ocurrió otra cosa que decir: “Toma, es un asunto de vida o  muerte”. Lo dijo de tal forma, tan payaso, tan niño, que no pudo reprimir el impulso de besarlo. Y entre ellos se abrió una puerta por donde cabía el mundo entero.
Rebusca en la caja fuerte, “¡qué tiempos!”-, en los joyeros,  -“¡cómo pasa el tiempo!”, en los cajones, “¡dónde estarán!” No da con ellos. Nerviosa, insiste. Topa con el cajón de las corbatas y un golpe seco hace que se fije en una cajita entreabierta que delata unos preciosos pendientes, “¡Ahí están!” Una nota los acompaña.  “Sofía, te amo”. Tiene tiempo de sentarse en el borde de la cama. Sofía, Sofía. Su mejor amiga.

‒ Mi amor, he llegado. ¿Estás preparada?
‒ Sí.
‒ ¿Qué ocurre? Estás pálida.

‒ Por favor, cuéntame un cuento, uno que sea “fácil de entender”. 

24/11/2014

jueves, 23 de octubre de 2014

La Noche de Halloween







Gruñó mientras aporreaba con el puño el cojín, hasta conseguir la mejor postura que le ofertaba el sofá. Noche oscura. Noche de brujas, noche de Halloween. Movió la cabeza negándose a sí mismo  a pensar. Pero un recuerdo lejano fue más rápido que él.

        ¿Truco o trato?  ‒le sorprendió.
        ¿Qué haces?
        Soy una malvada bruja que aparece en casa de los chicos malos. ¿Lo eres tú?
        No estoy muy seguro. ¿Qué llevas puesto?
        ¿No lo ves?  le decía mientras se daba la vuelta de forma coqueta
        ¿Y debajo? Le preguntó con una sonrisa maliciosa.
        Ven y lo compruebas y subió escaleras arriba hacia el dormitorio­, sensual y lujuriosa como la buena bruja que era.

Silencio atrapado por las notas de un saxofón,  gotas de lluvia curiosas que se asomaban por la ventana, cojines que lo mecían en el intento de atraparlo en su sueño profundo. Todo  interrumpido por el roce de una piel, la leve caricia de un dedo que cruzaba su espalda y  que electrizó todo su cuerpo. “¿Marta? preguntó ansioso y esperanzado.”

Ella se le acercó con besos apenas perceptibles, toques sugerentes que hacían que se encendiera, por momentos. El suspiro de aquella voz le invitaba a juegos prohibidos, a placeres furtivos.  Tomás ansioso buscaba su rostro. Esa voz, ese perfume. “¡Marta, Marta!” Sonreía igual que las lágrimas aparecían. Aquel desfiladero nunca estuvo allí, nunca separó sus destinos.  Ella seguía junto a él.


La diosa de la noche, esquiva y determinante, continuaba con su hechizo: Unas gotas de sensualidad, un tercio de erotismo y mucho de lujuria. Y así, los gestos más cotidianos se convirtieron en una danza extraordinaria hasta caer en la languidez del placer consumado. Un golpe seco hizo que abriera los ojos. Parpadeó y miró desorientado. ¿Qué había ocurrido? ¿Marta? ¿Estás en la cocina? Se respiraba una extraña calma en la habitación. Se incorporó de un salto y entonces vio algo que antes no estaba, sobre el libro había una margarita roja. Su flor. La acercó a su pecho. La envolvió con sus manos y sus ojos se cerraron plácidos. Esta vez sería un sueño tranquilo y reparador.
22/10/2014
Juani Lombardo González







Historia de terror en la casa de Teresa








miércoles, 11 de junio de 2014

Casi…


Es invierno. La oscuridad se ha encendido en la chimenea. Una desconocida brisa, azuza las llamas; su crepitar dibuja mi sombra, de dandie gatuno, en la puerta del salón. Pedro y Marta, están sentados en el sofá, distantes en sus pensamientos. Unas hormigas, que se han escapado del terrario, se cuelan por el pantalón de Pedro, le hacen cosquillas; sus compañeras, mientras tanto, recogen los restos de una cena, mal barrida. Marta, mientras tanto, teje, como cada noche, evadiéndose de los dolorosos recuerdos que le traen su negligencia la que provocó la muerte de su hijo. Hay un silencio tenso, ocupado por mi mirada brillante, taladradora, de bruja metamorfoseada que ve como una “Sombra”, siempre al acecho, siempre vigilante, la observa fascinada. Intento avisarle: cómo se acerca, cómo se va adhiriendo a su espalda, diluida en contornos extraños, recovecos profundos.
Tranquilo, Bigotes, ¿qué has visto? Me pregunta, Marta.
Unos grandes ovillos de colores luminosos, presiden la mesa y la “Sombra”, sin tan siquiera un color, repara en ellos.
¡Marta! Erizo la piel, en un intento de frenar la escena.
 Un miedo frío se hace dueño de su garganta. Mira a Pedro, con una expresión aterrorizada,  él distraído sigue jugando con el mando a distancia y yo desde un rincón contemplo la escena, con ojos… Casi humanos. Ahora, una hermosa crisálida preside la estancia.
Juana Lombardo González

09/06/2014

miércoles, 21 de mayo de 2014

Retazos de una historia

Un golpe seco y el revoloteo de alas crujientes nos obligó a girar la cabeza y salir corriendo escaleras arriba. Al abrir la puerta, nos encontramos unos papeles en la buhardilla. Habían despertado de su letargo y jugaban a volar. Se columpiaban ayudados por los rayos que se filtraban por las pequeñas ventanas que había en el techo de la habitación. Papeles, guardadores de historias, pintados de existencias inventadas. Se acercaban, se rozaban, se miraban curiosos unos a otros. Allí se encerraba un universo donde la realidad se perdía para cobrar vida. Eran retazos de una misma historia y no se conocían.

Juani Lombardo González
19 de mayo de 2014

Jaén, a 07 de abril de Zzzz

Muy buenos días, mi querídisimo Niño… Vaaaleee, no protestes, tengo que reconocer que el saludo, va cargado con algo de ironía. Sé que te molesta, pero es que da la casualidad de que te quiero y ahora me puedo aprovechar, ventajas de ser la que escribe, porque tu te cotizas alto, chaval. 

Empecemos con la batería de preguntas ya establecida, normalizada y reglada. ¿Cómo te encuentras? ¿Comes adecuadamente? ¿Duermes las ocho horas establecidas? ¿Estudias? ¿Gastas poco? ¿Te portas bien?  Etc., Etc. Por cierto, ¿La puerta de Brandeburgo sigue en su sitio o la habéis cambiado de lugar? Vaya sorpresita que me di, entré en la página de Erasmus y allí  te encontré; vaya fiesta que teníais montada y esa chica rubia que estaba a tu lado, quién es. Cuenta. Cuenta. Eso sí, estabas de guapo, en fin. 

Por aquí, va todo viento en popa. La familia de tu madre (yo), sigue su curso con sus historias rocambolescas como para escribir un libro. La de tu padre, ya sabes, una merienda de negros con número de registro. Los abuelos, ahí van con sus achaques, echándote mucho de menos. La abuela Anastasia, todas las noches enciende su velita de buenos augurios para su pequeño caballero medieval. El abuelo, Armando comenta como no quiere la cosa, que lo que necesitas es sentar esa cabeza de grillos. Traducido, eso significa que también te quiere. Tu padre, se encuentra mejor de la gripe y te manda un abrazo de hombre y haber que notas traes, pero sobre todo que te cuides y que tengas cuidado, en el fondo, es un blando. Por los demás, todo sigue igual. Tus hermanos con sus historias y sus amores. Perdón, eso no debo saberlo yo. Por ahora, está guardado en el más estricto de los secretos, así que no me seas chivato que negaré todo indicio de cotilleo. Por la parte animal que nos toca, más de dos patitas, tenemos a  Juanpedro, que sigue comiendo mosquitos. Kira, tan arisca como siempre y Bartolomeu, con su pelota y sus piedras, cada vez que te menciono, levanta las orejas…, te espera.

Ya me están llamando, no pueden dejar que una madre escriba una carta larguísima a su hijo. Besosss y que sepas que te echamos de menos, sobre todo por la tranquilidad que hay en la casa.

Tu madre.

Juani Lombardo González
7 de abril de 2014

Página 25, 20 de agosto de 1995

Fin. Tenía que llegar. Miro de reojo y me encuentro la casa desordenada, las delicadas telas de araña protegiendo las esquinas de ésta, que sepas que lo hacen para retener el silencio que se ha instalado, las sartenes negras como el tizón y los platos a la espera de localizar el lavavajillas. Hago memoria y ha tenido que ser en un simplón mes de noviembre,  un mes de frío humo de chimenea, tiempo roto y vagabundo de pijama cuando me dijiste: Adiós  y tuvo que ser un adiós alegre y cordial porque tenías prisa. Me vienen pensamientos inapropiados inventados por mi imaginación, pero tengo que recoger con cucharilla los restos que quedan del naufragio.  Ahora que lo pienso, nunca hemos hecho nada los meses de noviembre, salvo comer sopa.
No me había fijado en el punto final. La primera palabra nunca comienza con él, no hay una señal que pueda adelantar su dibujo y yo, incauta, me había inventado un mundo nuevo que cuando me sonreíste y cerraste la puerta desapareció y me quedó lo que tenía y precisamente no era gran cosa. Así que me he dado cuenta que estoy hasta las narices de volar, ahora quiero pisar tierra, sentir lo que sienten las hormigas o los escarabajos, me da igual; chocarme con algo, criticar a los que corren, a los que andan despacio, a los que no tienen término medio, a los que miran hacia arriba o hacia abajo o los que se sientan en cualquier sitio de las avenidas con un mapa gigante. Mira que eres imbécil, haces que tenga  que volver a buscar palabras, sueños, ganas, deseos y piedras, para que croen como las ranas y tú con esa sonrisa plastificada.
Hace calor, así que me voy a poner una camiseta de tirantes del color del sol para que me ajuste cada uno de mis pensamientos, porque tengo un plan envidiable para la vida y una estrategia, que puede que no me funcione, porque de tan sutil que es, se me olvida, la mayoría de las veces.

Juani Lombardo González

 31 de marzo de 2014

viernes, 28 de marzo de 2014

¿Dígame?

Capitán y sus gafas rodaron sobre el asfalto, a tientas las cogió, intentó levantarse,
pero no pudo. Algo le incomodó en su pecho, colocó la palma regordeta sobre el
esternón y con estupor descubrió la ausencia de latidos.
- Es un misterio señor. le dijo el médico. Ud. no posee corazón.
- ¿Qué no tengo qué?
.- Corazón. Vaya a la comisaría de policía y denuncie el hecho. o a la Oficina
de Objetos perdidos.

Se fue directo a la policía quienes como es habitual nada hicieron. De ahí tomó rumbo
al ayuntamiento. Pasó por el segundo, cuarto y quinto piso. Despachos 2. 5. 8, 9 y así sucesivamente.

Necesitaba una radiografía o escáner como justificante.
-¿Y mi póliza, no cubre todos los casos? Preguntó desesperado.
-No. La letra pequeña dice que queda establecida legalmente la nula
responsabilidad por la pérdida de corazones, ya sea por descuido o por
cuestiones sentimentales.

Su cara tomó un color grisáceo semejante al de su traje.
-No se ponga así hombre, le dijo el oficinista. Todos hemos perdido algo en la
vida. Algunos pierden la esperanza, otros la compostura. Véame a mí,
yo perdí mi cerebro hace dos años y si no fuera por mi jefe que también
perdió el criterio, yo no estaría trabajando aquí. Además, ¿quién necesita un
corazón en esta ciudad?
¿Dígame quién lo necesita? ¿Quién? 
17/03/2014

Señora,

Señora,
Esta mañana pasó junto a mí y ahora sé que los destinos son únicos. La encontré delante del Mercado Nuevo, mientras el sol era zarandeado por el viento, los gritos, multicolores, de los niños ponían la banda sonora y las conversaciones inconclusas, que sobrevolaban el espacio, la letra de una canción inacabada. ¡Aún!

Allí estaba totalmente atrapada por ese inconfundible olor a ácido de los viejos libros que la anciana librería guarda en su regazo y que la hizo detenerse, siguiendo su rastro certero. Aproveché, para rozar con mi nariz su cuello y robar su perfume y así se creó un juego mudo, una nota de violín sostenida, que nos unió.

Todos los gestos son flexibles y tienen su propia voz; la voz del  susurro que abarca el universo, lo que hizo que se estremeciera y me mirara: Una sola sonrisa, un largo beso y una noche infinita, era su promesa. Y es que el único futuro que nos queda es el presente, mi enigmática señora.

Espero volvernos a encontrar en cualquier esquina de la vida para quedarnos, los dos en ella. 24/03/2014

Te estoy esperando


¿Cuento fantástico? ¿Cuento Fantástico? Te estoy esperando para escribirte. ¿Dónde
te metes?
-Estoy aquí subido en esta cima, observándote. No quiero que cuentes mi vida. -Me
respondió. Soy tan fantástico que no deseo que me imprimas y selles en un
papel. ¡Quiero!, quiero sentirme libre al igual que mi historia.
Y así, lo vi partir, con sus alas color fuego. Decidido, fuerte, seguro al país de la fantasía
más reacc
ionaria y al verlo partir tras las bruma, el cielo se tornó azul, azul cielo16/03/2014 

Dime


Espera, no me respondas aún. Reprime ese impulso, te pido sólo un minuto, por favor. Deja de lado estas cuatro paredes y mira por la ventana. ¿Ves esas cordilleras de azúcar, esas nubes de espuma y esos paseos de triste brisa? Embriaguémonos de ellos antes de estallar. Aguanta ese envite, mírame a los ojos y eso que no puedes callar más, me lo dices en su momento o mejor dicho, a su debido tiempo. Y yo te pregunto: ¿Tiene que ser en este preciso instante? ¿Cuándo se puede considerar que es el mejor? Dime, dime cuándo es el mejor momento para decirme lo que piensas.
Yo quería viajar por los océanos de color añil; por la montaña empinada del caballo salvaje, por los remansos del  río pedregoso, por los planetas que semejan canicas y lo quería hacer contigo, sí amor mío, quería. Y tú me vienes a decir, ¿qué me quieres decir, que hace que mi corazón corra presa del pánico? Su menuda conciencia  le debe estar revelando secretos mundanos, como que la vida es un movimiento hacia arriba con un clic final, y que también es el fondo de un pozo. Amor mío, tengo miedo de perderte.
Mientras tú observas el paisaje, intento descubrir tus proyectos antes de que esos labios confiesen. ¿Será, tal vez, que te espere? ¿Que te vas a marchar para luego volver? No quería ingresar en un orden cerrado, hermético y dolorido, por eso mi deseo de escapar contigo. Ya lo sé, no existe la magia y que las cosas no varían de un día para otro, pero sí que viran brutalmente sin que nos de tiempo a reaccionar.
 Mira, mira por esa ventana, encontrarás el amanecer y esa fría soledad en la que cabe la alegría, los recuerdos, la cascada de seda, el balcón lleno de alba, los primeros sonidos de la ciudad y un cielo bajo, blanco, envolvente oliendo a amapola, cabe todo.
Dejas atrás la ventana, giras y me buscas. Me localizas y en un instante nos miramos, nos entendemos, nos comprendemos y entonces nos codiciamos, fallecemos, desfallecemos, nos repelemos, revivimos, resucitamos y al final, nos entregamos.

Amor mío, ahora sé que te quedas.

 17/02/2014

Ten cuidado, el mal te acecha


 No fue la música, ni una voz conocida, sino la noche fría y ventosa la que le trajo unas palabras: “Ten cuidado, el mal te acecha”. Encogido por el miedo, se dejó inundar por la incertidumbre; notaba como crecía en su interior una oscuridad que lo asfixiaba.
- ¡No! No la escuches. Le ordenaba otra voz más potente, más segura. No dejes caer ese cuchillo.
- El mal te acecha, repetía esa otra voz anunciadora.
- Atrévete, es sólo un momento, luego llega la felicidad.
- El mal te acecha… ¡Apártate!
¿A quién entregarse? ¿A la indiferencia o a la opresión del aviso fatídico? La respiración se agotaba, sentía, es decir, no sentía como el aire era expulsado por sus pulmones. Entre tanta orden, escuchaba el eco disperso de su cerebro, un goteo insensato de sonidos que no llegaba a entender: sal corriendo, grita, deja lo que tienes en la mano, pide ayuda, avisa.
- ¡Atrévete!
- El mal te acecha…
- No, no, no.
 El cuchillo en su mano, su corazón como diana, un vacío negro asesino, ni tan siquiera la luz de una vela que alumbrara la negrura… Una ventana donde un rayo de luz dibujaba una tímida línea, entonces recordó que su imaginación podía inventar también el día, la luz, la música y se acercó al cajón del mueble, dos pequeñas pilas alcalinas aparecieron que con manos temblorosas colocó en el antiguo transistor heredado;  al instante hizo salir de su escondite “la felicidad”, notas musicales que bailaban en círculos lo abrazaron. Sonrió.  Ellas le protegerían de ese mal que le acechaba y tranquilamente comenzó a escribir en su partitura. 5/02/2014

La geografía de su piel


El espejo deja ver por entero su figura. Se detiene. Se contempla de arriba abajo, y ve a una mujer de líneas onduladas como el mar. 

Eres guapa, Le dice él. Ella calla.  
No lo soy, simplemente estoy viva, le responde con una sonrisa silenciosa.

Vuelve a fijarse en esa otra hembra que se muestra frente a ella, y comienza a acariciar con las yemas de los dedos, ese frágil continente que es su piel. Sinuoso y delgado trazo que se recorta en la luna del cristal. Bajo él, se ha ido archivando la memoria de siglos vividos: dolor, placer, ausencias, reconocimiento, soledad, lascivia, libertad… Estratos tatuados con historias de vidas pasadas, que a falta de vivencias propias, se dejaban vivir, y que se hacen presentes cuando la caricia se acerca a ella.

Piel de todos los tiempos, jeroglífico mudo, instalada en su geografía de mujer, que muestra cuando se lo piden. Tiene ademanes de princesa antigua, tímida y lujuriosa. No desea esperar, ahora juega a sentir. Regresó el deseo de ser y con él, el de estar. Olvidado el pasado, el miedo y la intransigencia, ahora sabe que la piel confirma su estancia en la tierra. Quiero, puedo, soy… Viento, tierra, agua, árbol, río, piedra.

Tan solo espera que unos delicados dedos traspasen los límites de su cordura, y la eleven a un mundo de placer desconocido en el que el único rezo sea rogar por no morir, dejando ese último beso tatuado en la geografía de su piel. 26/12/2013

Recuerda

Le observo, sorprendida, va de aquí para allá, siempre atractivo, siempre descalzo. La quinta vez  que pasa delante de la mesa, art decó,  ¿será posible? ¿Será capaz? No. Sabe que estoy pendiente de él, lo hace adrede. ¿Puede ser que no la  vea? Pasa de nuevo, delante de ella, tan blanca, tan el elegante, tan solo un detalle destaca, una nota adhesiva de color amarillo. Una vez más, se acerca, nada. Cansada, me levanto y es nota que lleva impresas unas palabras se la pego en la frente. –Mírate en el espejo, le digo tranquilamente. 


                               Recuerda Pepe, recuerda
                              
                               Hoy es el cumpleaños de tu mujer, 
           
                          (YO)

 
 







¡Qué pereza de hombre! 30/09/2013


¿Me pones crema… por favor?


Y se lo pidió poniéndole esa cara que solo ella sabía poner, no sabría decir, si era pura inocencia o una máscara tras la que ocultaba su sensualidad. ¿Cómo negarse?  Esbozó una sonrisa, intuía la batalla de poderes que comenzaba a desarrollarse. Se arrodilló y soltó el cierre de su bikini deslizando a través de sus largas piernas el tanga. ―Cierra los ojos―, le susurró al oído,  era más una orden que una sugerencia. Cayó la primera gota de crema, la segunda…a partir de ahí, su cuerpo se fue tensando levemente aguardando el próximo escalofrío. Tan solo era una pequeña demostración de su poder sobre ella. 23/09/2013

¿Quieres un hielo o dos?


La noche había caído y la luna atravesaba impaciente y curiosa los huecos abiertos de las ventanas. ¿Descansar? No. Se acercó a él, lentamente, como hacen los gatos y en su mirada había una nota de picardía, diversión, erotismo. Se sabía seductora, atractiva. Con un dedo le cerró los labios.
―Shhhhhhhhh…A la vez que de un empujón le tiraba sobre la cama, quitándole la toalla.―Esto no nos va a servir para nada―. Le dijo, en un tono burlón. ― ¿Te gusta lo que estás viendo? Él asintió con la cabeza. En sus manos tenía cinco pañuelos y una cubitera con hielo.
Y así comenzó aquella locura. Sus manos hábil y lentamente comenzaron a deslizarse por ese cuerpo que estaba preparado para ser torturado. Un juego donde ella tenía una clara sensación de dominio como él de un sometimiento exquisito. Suplicó, rogó, imploró ser liberado, “¡shhhhh!”…    Aún no era el momento, el hielo tenía que terminar de deshacerse. 21/10/2013


La Cruz del Diablo


Allí estaba, a la entrada de la cueva. También un turista accidental, agazapado en su imagen típica, se acerca a ella. El sol de forma descarada se atreve a rozarla, ella inmutable se deja seducir. Sabe que la leyenda la impregna de un tinte de misterio que ha camuflado la terrorífica verdad. Apenas quedan unos segundos para que den las doce, el reloj se detiene momentáneamente. Instante repleto de silencio. Las manecillas comienzan a girar inapelables, esta vez en sentido contrario. Sonrisa fría. Golpe sordo. Plof, plof, unas gotas de sangre golpean el suelo.

“Que lo creas o no, me importa bien poco.
Mi abuelo se lo narró a mi padre;
mi padre me lo ha referido a mí,
y yo te lo cuento ahora,
siquiera no sea más que por pasar el rato.”
Gustavo Adolfo Bécquer. La Leyenda de la Cruz del Diablo
04/11/2013

Instancia


Yo, una estrella, mayor de edad, tres millones de años aproximadamente, con DNI ∂β..0101£¥, nacida en un universo vecino.
SOLICITO

Se me habilite una dependencia en el corazón; dependencia situada en la quinta planta de un edificio denominado “cuerpo”. Le hago constar el mobiliario necesario para su habitabilidad:

Un arcoíris para arropar a los sueños.
Luz para iluminar la intuición.
Una sonrisa para besar los labios.
Un ventilador para que bailen las emociones
Un archivo para clasificar las nubes
Y por último una llave para cerrar la caja de los enojos.

Sin más y en espera de su colaboración, se despide una estrella, fugaz, que le gustó asentarse en la Tierra y espera vivir cómodamente en dicho espacio junto con la luciérnaga que habita en la noche de los bosques. 16/12/2013