Modigliani

viernes, 10 de febrero de 2017

La palabra que tú me diste



La palabra que tú me diste
se perdió sin encontrar un puerto.
No le dio tiempo a envejecer,
ni a vivir diez míseros segundos
en mi ilusión.

La palabra que tú me diste
se alejó como una ola descuidada,
vacía de contenido.
No le dio nombre al tiempo,
ni marcó todo un vocabulario de color rojo.

La palabra que tú me diste
dejó de crear un idioma,
alejándose de mi cuerpo.

Paseando entre las nubes


jueves, 20 de octubre de 2016

Todos los nombres


Todos los nombres

Todos los nombres caben en un suspiro.
En uno, el tuyo.
Da igual por la vocal o consonante que comience.
Llegas a mí como un grito de seda,
y  yo pongo todos mis sentidos.


No conozco otra voz más que la tuya, que me despierte
y a ella me aferro
Como el agua a la sed.

Sí.
Me aferro, me aferro al susurro de tu nombre.
Lo vocalizo, despacio, letra a letra
y su eco no me puede salvar de la embriaguez.

Te entono, porque quiero, así lentamente como si de un conjuro se tratara
como si fuera una hermosa bruja de grandes ojos.
Ven. 

miércoles, 11 de marzo de 2015

La Odalisca de pantalón rojo. Matisse


Mis brazos


Dejar caer la mermelada de tus labios sobre la mesa.
La taza de chocolate desnuda en la silla,
Frente al sofá que lee distraído el periódico,
Una tarde gris de lluvia.
¿Eso es amor?
No lo sé.
Provocarte, desnudarte, vencerte
Con el discurso de mi boca en tu piel.
Y mis brazos, ay mis brazos
se quedan guardando
La exacta dimensión de tu cintura.
11/03/2015

martes, 3 de marzo de 2015

Emil Nolde.

Acuarela



Un Café


“Café para todos los gustos” era el reclamo del local. El sitio ideal donde la soledad se reúne en la tarde de los domingos para maquillarla con los aromas intensos que visten y desvisten los pensamientos y poder negociar con ellos.
Grande, espacioso, con dos entradas que dan a la Plaza Mayor; con un suelo enlosado en dos colores,  que van haciendo una especie de crucetas que Carmen al verlas no puede resistir volver a su infancia y seguir el viejo ritual de pisar solo las negras. Se sienta, con su bonita sonrisa vacía de ilusión, frente al gran ventanal que  muestra las pisadas rápidas e impersonales de la gente. El camarero se acerca envuelto en un aire tímido al mismo tiempo que misterioso.
-          ¿Qué desean tomar?
-          Yo  –se adelanta Javi –, quiero un café largo.
-          Uno solo con hielo  –Rafael –.
-          Con leche, le dice Micaela.
-          Igual pero con leche fría, pide María.
-          Yo, yo quiero esta vez un submarino  –le indica al camarero Jacinta –
-          Pues para mí un caribeño. ¡Ea! Por ser tarde de domingo.
 Paco hace un guiño. Está contento, esa noche tiene una cita.
-          ¿Y usted que desea? –El camarero se dirige a Carmen con el deseo oculto tatuado en el brillo de sus ojos. –
-          A mí uno de amor – y todos ríen la ocurrencia. –

Hoy, domingo, 16:30 de la tarde, lluvioso y gris es el día en el que un café se vuelve tiempo para soñar una nueva realidad escrita en sus posos.

 02/03/2015

jueves, 19 de febrero de 2015

El ave fénix mira ¿Qué...?

Dinastía Quing

Cinco Fantasmas

Sucedía todas y cada una de las noches del año. No había manera de que se pusieran de acuerdo. Cinco fantasmas, cinco, eran los que habitaban  en la “Gran Casa”. Las gentes del pueblo contaban en sus leyendas el rumor de su misterio, sin resolver. Román hacía lo mismo con su nieta.
-            Un rayo brotó de ella y se perdió entre las nubes. –Le susurraba– Y unas sombras voladoras en las noches de bruma, se acercan a la única puerta que tiene mirando hacia el horizonte.
Y Patricia, sin presente y sin voluntad,  miraba hipnotizada. Mientras tanto, la casa centenaria asustada temblaba y la chica no entendía el porqué de esas  sacudidas. Era como si deseara escapar. Imposible.  Estaba anclada a la tierra como si de una tienda de campaña se tratara. Esos fantasmas maleducados, groseros, porque estamos ante un caso grave de fantasmas, la humillaban constantemente: “eres fea, vieja, no sirves para nada”; como respuesta volvía la mirada más allá del límite de la tierra.
-          Mirad, “esta cosa” quiere volar –y todos se retorcían de la risa. Mordían y engullían lo que encontraban a su paso; con un magnífico baile de puñetazos, provocando terroríficos chispazos eléctricos.
Patricia, tumbada en el acantilado, la solía contemplar, sin saber que tenía el mismo sueño que la casa. “Estaban  al borde del acantilado, percibían el peligro. "Un paso más y caeré al vacío" –se decían-. Pero de pronto un potente pensamiento cruzó por sus mentes. "Tengo el control de mi vida. Puedo volar". Efectivamente, se elevaban sin problemas sobre el acantilado y bajo ellas veían el mar y cómo las olas rompían contra las rocas. Entonces decidieron subir más alto hacia la única nube que había, sintiéndose liberadas.
La gran casa de tejados puntiagudos pidió ayuda al viento. Y ese viento poderoso, que se llevaba con él las palabras, arreció y arrancó del suelo las piquetas y cuerdas que ataban sus cuatro esquinas. La desprendió y alzó en volandas. Por primera vez después de muchos, muchos años, se sintió ligera y feliz. Patricia, que la observaba se incorporó y le gritó:
¡Yo también quiero volar!

La casa sonrió: Yo soy tú. 
04/02/2015

martes, 10 de febrero de 2015

Tus besos.

La consecuencia son tus besos.
El inicio, la tensión de la espera.
Lo más excitante,
sentir como te acercas.

10/02/2015

miércoles, 4 de febrero de 2015

Díaz Caneja



Distancia



Alguien que no estuvo aquí, se dejó un sobre allí. El sillón y mis gafas también están ahí. Me siento y lo abro con cierta curiosidad. En él aparecen palabras que al principio no distingo bien, palabras que saltan, alborotan  juguetonas y me llegan a decir:

Dibujo sus pasos.
Mimo sus sueños.
Adorno su respiración.
Abanico su sonrisa.
Siempre de alguien que nunca estuvo aquí.
¡Tú!.



Inquieta me revuelvo en la butaca; desconcertada espero llegar a una conclusión.  

02/02/2015

domingo, 14 de diciembre de 2014

jueves, 11 de diciembre de 2014

Falso Espejo. Magritte


A veces,

A veces, escucho
y descubro que estoy sorda.
A veces, veo
y descubro que estoy ciega.
Pero a veces no ocurre nada,
Tan solo, que pasas a mi lado
y la piel se me eriza.

28/10/2014

martes, 9 de diciembre de 2014

Calle de París, día lluvioso. Gustave Caillebote.


Cuéntame un Cuento

La luz junto con los enseres de limpieza han invadido literalmente la casa.  María, sonriente, se dedica en cuerpo y alma a la interminable tarea de que todo quede impoluto. Esta mañana, precisamente, hay un brillo de esperanza en sus ojos. Una llamada telefónica ha cambiado su semblante.
‒Ponte guapa. Esta noche te invito a cenar. Te quiero ‒suspira; por fin vuelve a ella‒.
Después de meses en que a la súplica “te necesito” la respuesta era: “Lo siento, tengo mucho trabajo, intentaré llegar lo antes posible”. Hoy, por fin, ha dado señales de vida.
‒ “Esta casa tiene muchos gastos”. ‒Intentaba justificarse siempre, Jacinto‒.
–   Pues la vendemos ‒sugería ella‒.
–      Quiero tenerte como una reina. Eres lo más importante para mí.

El trapo para limpiar el polvo es su confidente; hoy es día de referir ilusiones. Le cuenta qué vestido y zapatos se va a poner, cómo se va a peinar, mientras trajina con ropa, cajones, muebles, cojines, que al igual que sus pensamientos van recuperando color y lugar. Satisfecha se va a la ducha que devuelve entre el vaho a una mujer feliz. Se viste, maquilla, ¡Uy! ¡Los pendientes!,  ‒y le vienen a la mente aquellos que le regaló un día de verano, en plena canícula‒. Lo hizo con voz nítida, segura, sin apartar la vista de la suya: “Por favor” ‒le  suplicó‒. Sus ojos fueron los que preguntaron y a Jacinto no se le ocurrió otra cosa que decir: “Toma, es un asunto de vida o  muerte”. Lo dijo de tal forma, tan payaso, tan niño, que no pudo reprimir el impulso de besarlo. Y entre ellos se abrió una puerta por donde cabía el mundo entero.
Rebusca en la caja fuerte, “¡qué tiempos!”-, en los joyeros,  -“¡cómo pasa el tiempo!”, en los cajones, “¡dónde estarán!” No da con ellos. Nerviosa, insiste. Topa con el cajón de las corbatas y un golpe seco hace que se fije en una cajita entreabierta que delata unos preciosos pendientes, “¡Ahí están!” Una nota los acompaña.  “Sofía, te amo”. Tiene tiempo de sentarse en el borde de la cama. Sofía, Sofía. Su mejor amiga.

‒ Mi amor, he llegado. ¿Estás preparada?
‒ Sí.
‒ ¿Qué ocurre? Estás pálida.

‒ Por favor, cuéntame un cuento, uno que sea “fácil de entender”. 

24/11/2014